Pero estabas en todas partes, en mis mañanas, en mis noches, en mis ganas de salir corriendo hacia ti. Pedirte que volvieras, que voláramos juntos… de nuevo, que el cielo no se ha cansado de esperarnos, que las nubes aun siguen llamándonos.
Teníamos que soltarnos, si, teníamos.
Pero me dolías, me dolías tanto que me canse de caminar, me canse de abrir los ojos, me canse de buscarte en cada libro, en cada canción, en cada esquina de mi cuarto, de mi cuerpo, de mi vida…
Teníamos que soltarnos, si, teníamos.
Con lágrimas, tenía que llevarme mi alma hecha polvo. Tenía que brillar, por mí, sin ti. Aunque estuvieras en todas partes, aunque la caída me doliera, aunque las lágrimas te recordaran, teníamos que soltarnos.
Tenía que soltarte.
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